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¿Has escuchado la frase “Los tiempos de Dios son perfectos”? Es una frase conocida y repetida por muchos. Pero, ¿Realmente estamos dispuestas a esperar los tiempos de Dios?, ¿Tenemos la paciencia para no rendirnos en la espera? O nos pasamos la vida impaciente y diciendo ¡Paciencia! ¡Paciencia! ¿Dónde Estás?  

Y es que decirlo es fácil, pero cuando nos enfrentamos a situaciones turbulentas te aseguro que olvidamos dejar los problemas en las manos de Dios, esperando que Él nos muestre una salida, a su tiempo, no al nuestro. Y lo olvidamos porque muchas veces creemos que somos autosuficientes, como digo en mi libro Mujeres Victoriosas “No tienes que hacerlo o tratar de hacerlo todo tú sola, accede a las fuerzas de Dios”, página 183.

Y cuando accedemos a las fuerzas de Dios no sólo depositamos nuestra total confianza en Él. Sino también, estamos dispuestas a ser pacientes el tiempo que sea necesario, a esperar el milagro o la respuesta solicitada cuando Él la envíe.

Te contaré una historia ficticia para comprender mejor este tema.

Hace 3 meses Laura emprendió un negocio de repostería en el vecindario. Empezó asegurándose legalmente, estableció un presupuesto, rentó un local que decoró con mucha dedicación, contrató a un distribuidor y contrató personalmente a su equipo de trabajo.

En teoría ya todo estaba listo para poner en marcha su proyecto, su sueño estaba a punto de convertirse en realidad. Pero lamentablemente 3 días antes de abrir, el distribuidor que había elegido para abastecerse de la materia prima se declaró en bancarrota y tuvo que anular el contrato.

Laura se sentía devastada, sólo 3 días faltaban para emprender su gran sueño y de la noche a la mañana sus planes se derrumban. Sin consuelo ni esperanza se tiró al suelo y se puso a llorar, lloró por más de una hora hasta que el sueño la venció.

Al día siguiente despertó con el cántico de un pajarito que se veía desde la ventana de su habitación, lo contempló por un momento y en ese momento recordó que nunca había involucrado a Dios en su proyecto.  Laura se sentía culpable y muy avergonzada y se preguntaba ¿Por qué no le consulté antes a Dios si era su voluntad emprender mi repostería? De inmediato se hincó y oró.

Ahora Laura planea de nuevo abrir su negocio. Pero esta vez, le ha entregado su proyecto a Dios y espera paciente la luz verde para dar el gran paso.

Porque cuando nos comunicamos con Dios no le enviamos un e-mail con el asunto “urgente”, la comunicación con Dios no es un correo electrónico. La comunicación con Dios es una conversación sincera e íntima en la que Él conoce perfectamente las solicitudes y angustias de nuestros corazones.


Pasos prácticos para fortalecer tu oración:

  1. Agradece siempre. Al iniciar tu oración recuerda todos los motivos por los cuales puedes agradecer, te aseguro que son muchos.
  2. Adapta un lugar en tu casa u oficina para orar. Ambiéntalo con citas bíblicas y oraciones para motivarte constantemente.
  3. Confía, confía y confía. No olvides que en Mateo 28,20 se cita a Jesús cuando afirma: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”. Así que confiemos plenamente en su voluntad.

¡A confiar en los tiempos de Dios!

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