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Cuando me pongo a pensar en donde nací, todo lo que recorrí, todo lo que aprendí, los buenos momentos, los malos momentos, les quiero decir que cada evento, cada momento comprueba que la vida en su totalidad es de aprendizaje.

Es conmovedor todo lo que recorrí y como continuó formando a diario mi verdadera identidad. Nosotras, nos vamos formando a través de los años, por medio de la familia, amigos, el área donde vives, la cultura, las tradiciones, los eventos diarios y por supuesto como fuiste educada. 

Pero amiga, te quiero decir que la única que decide quién eres o quién serás, eres tú y nadie más que tú.  No importa si tus padres están divorciados, si tú eres soltera, casada, divorciada, no importa donde vives o si no estás en el colegio que te gusta, lo importante eres tú y tus sueños. Depende de ti si los cumples o no.

Es cierto, todo lo que pasa en la vida ya sea bueno o malo nos afecta.  Puede afectarnos de tal manera que nos crea una mentalidad donde no valoramos nuestra verdadera identidad.  Especialmente los momentos tristes, difíciles y las arduas luchas. Haz que las cosas malas que te sucedan o que te sucedieron no te estanquen en un lugar oscuro o de tristeza.  Usa cada una de esas experiencias para hacerte más fuerte. Úsalas como parte un buen aprendizaje para lo que viene.  Porque nadie tiene mejores planes para ti que nuestro Padre Celestial.  En El debemos confiar.

¿Cuál es tu verdadera identidad?

Cada una de nosotras somos hijas de Dios.  Un Dios que nos ama, que nos cuida, y que no duerme por velar por nosotras.  Claro está que el ser hija de Dios y reconocerlo no significa que no vamos a tener problemas o pruebas.  Al contrario, para que nuestro carácter se desarrolle y para que crezcamos en sabiduría vamos a tener muchas pruebas en la vida.  

Te invito a que te pongas a analizar toda tu vida, todo lo que recorriste y en donde estás.  Estoy segura que has pasado momentos difíciles.  Pero Dios en su misericordia siempre ha estado a tu lado. Indistintamente de donde vengas, de lo que has hecho, y de los errores cometidos en tu vida, eres una hija del Dios viviente.  El saber, reconocer, y reclamar tu verdadera identidad te dará la fuerza necesaria para enfrentar cualquier problema en tu vida.  Será durante esos momentos más difíciles que tendrás que recordarte a ti misma que no estás sola y que Dios está contigo.

Nuestras identidades quebrantadas comienzan en la niñez.

Nuestra verdadera identidad, claro que empieza desde la niñez, dependiendo cómo fuimos educadas. Pero, si tu piensas que tienes una mala percepción de ti misma, recuerda que nunca es tarde para cambiar. Si a ti te abandonaron y te sentías insignificante, no repitas como fuiste tratada, se mejor y demuestra que eres una buena persona para tu familia y que das todo por ellos.  El saber que eres una hija del Dios viviente te dará la sabiduría y fortaleza necesaria para actuar diariamente con esperanza para no repetir los errores del pasado.

No mezcles el pasado con el presente.

La identidad se va moldeando, vas aprendiendo y es proceso, una jornada de vida.  Una jornada que es más fácil de caminar si lo haces sabiendo que tú ya eres victoriosa porque Dios así lo decidió inclusive antes que nacieras.  Repite una y otra vez, que eres única, bella, fuerte, exitosa, importante y no te sientas mal si crees que no eres como las demás, eso es parte de tu belleza y de tu verdadera identidad.  

Amate, ama a los demás, perdona y esfuérzate en ser mejor, enseña y aprende, no vivas con las malas experiencias del pasado, busca tu verdadera identidad y la persona que quieres ser, no será fácil pero nunca imposible. 

 “A pesar de las experiencias de mi pasado, soy una mujer que ama a Dios y que sabe, sin lugar a duda, que Dios me ama”.   De mi libro Mujeres Victoriosas. página. 61

¡Vive el día a día con el conocimiento que eres única!

Te invito a que leas mi libro Mujeres Victoriosas, en el capítulo número dos habló sobre “El poder de la verdadera identidad”.