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Quizás parece que me estoy refiriendo a la metáfora de los ojos, pero no es así; literalmente voy a centrarme en esos pequeños accesos a nuestra alma.

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Es probable que aún no entiendas exactamente a qué me refiero, así que lo esplicaré con un par de ejemplos: Usualmente cuando recién conoces a alguien no le presentas a “la verdadera tú”, y puede que pienses que tú sí eres totalmente transparente y cualquiera te puede leer como libro abierto. No lo niego. Es posible. Es por eso que dije “usualmente”. 

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Volviendo al tema, la mayoría manejamos cierto lenguaje corporal y verbal según la persona con la que estemos o según el grado de confianza que sintamos con esa persona. Si tú en casa o entre amigos te relajas un poco más y de vez en cuando dices alguna palabra soez, es muy probable que no sea así con alguien a quien te acaban de presentar; y eso está bien. No te hace una persona hipócrita. Simplemente eres comedida/o.  

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Tampoco creo que lo primero que hagas al conocer a alguien sea contarle los detalles de los problemas familiares que atraviesas, ni traumas que tengas de tu infancia. Si sí, creo que no es precisamente sano y que deberías trabajar en ello, por tu salud y seguridad emocional.

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Las ventanas del alma son ventanas que proporcionan una visión real de quién eres y de lo que has vivido, pero debes encontrar un balance entre no dejar a nadie ver a través de ellas, y dejar que todo el mundo lo haga. Te mostraré lo que ocurre en cada uno de estos casos extremos.

NADIETODOS
No llegas a desarrollar relaciones afectivas cercanas.Crees que todo el mundo es tu amigo y en realidad no es así.
Desconfías hasta de tu propia sombra y eso te puede generar estrés o ansiedad.Las personas se aprovechan de tu ingenuidad y franqueza.
Te privas de hermosas oportunidades de conocer gente linda con buenas intenciones.Dejas entrar a tu vida hasta a personas muy nocivas para tu bienestar.
Si al primer intento de bajar la guardia alguien te falla, te encierras en una burbuja hermética que no permite entrar ni salir los sentimientos .Te acostumbras a las decepciones de tal manera que ya no te importa si te lastiman.
No disfrutas los momentos de sana alegría colectiva.Crees que todo lo que vives entre “amigos” es una experiencia positiva incluso cuando lo haces por presión social.
Nunca te desahogas ni descargas las presiones que llevas sobre tus hombros.Le restas valor a la información personal e íntima.

No temas ser honesta y confiar en alguien, presta atención a tus corazonadas respecto a alguien pues dice un refrán que no hay corazón traidor para con su dueño. Quien verdaderamente sea merecedor de tu confianza no te juzgará ni hará sentir mal por la información que ahora sepa de ti. No hay nada de malo en mostrarse vulnerable ante alguien.

En la página 17 de mi libro Mujeres Victoriosas digo que “Al hacer eso demuestras sin lugar a dudas que ya no vives con vergüenza, culpa ni dolor, sino más bien por el poder de la gracia de Dios”. 

Siempre habrán personas dispuestas a hacer mucho daño a quienes puedan, a quienes se los permitan; pero también habrán personas que no querrán más que ser verdaderos apoyos en tu vida, personas con las que puedas contar en los momentos difíciles o compartir momentos de dicha. Y si en algún momento tienes la desventura de cruzarte con alguien que solamente aprovechó esa oportunidad que le diste, está bien y es normal que te duela y lo padezcas, pero no le des el poder de convertirte en una persona desconfiada y desdichada. 

¡No cierres las ventanas de tu alma, sólo cuida quién mira a través de ellas!

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