Diseño sin título (1)

Admiro completamente a las personas que han decidido adoptar niños/as, u ofrecer sus propios hogares como oasis en la vida de criaturas que pasan por momentos desérticos de esperanza. 

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Sé que para muchos es una idea casi impensable, o incluso lo ven como un error o peligro; sé que no es fácil darle entrada libre a tu casa a personas ajenas a ti, especialmente cuando ya tienen cierta edad, y más aún si en la familia también hay niños. Pero precisamente para derribar esos pensamientos me gustaría cambiar esa concepción del acto tan maravilloso que es.

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Me lastima cuando alguien hace un comentario como “Es que ni siquiera sabemos qué enfermedades pueda tener”, o “¿Cómo lo voy a querer si no tiene mi sangre? y hay peores… ¿Te has preguntado lo que sentiría uno de esos niños o jóvenes si te escuchara decir eso? 

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Todas las personas tenemos derecho a hogares estables, al amor, a la comprensión, al cuidado, y la lista continúa, pero por alguna razón todas esas criaturas no han gozado de ello… 

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¿Por qué están solos?, ¿Quién decidió por ellos? Crees que fue por razones del destino y que no hay más que hacer por ellos? ¿Crees que fue voluntad divina y que hay que respetar sus designios, o que hay que dejarlos a la suerte que les tocó en la vida? 

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Pues no es así. Pensar de esa manera es como aceptar que Dios permite cosas malas en el mundo y no hace nada (a pesar del poder que tiene) simplemente porque así lo quiere. 

Es nuestro libre albedrío el que nos permite obrar bien o mal, y de nosotros dependerán los resultados. Dios nos permite cambiar nuestras circunstancias y mejorar lo que nosotros deseemos. Él nos quiere ver felices y realizados y conoce el potencial que cada uno de nosotros tiene para hacer el bien, pero jamás nos obliga a hacer nada.

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En mi opinión, (y con esto NO estoy incitando a la gente a no tener hijos biológicos) es que en nuestras manos tenemos la oportunidad de mejorar aunque sea momentáneamente la vida de un inocente y presentarle a un niño o joven la seguridad, afecto, respeto y capacidad de soñar que se le ha negado sin razón alguna. 

Mantengo el deseo que expreso en mi libro ‘Mujeres Victoriosas’ de que “Dios continúe bendiciendo a todos los que trabajan arduamente para proteger los derechos de los niños, así como a quienes abren las puertas de sus hogares para recibirlos, o que alguna u otra manera contribuyen a la vida de los jóvenes”. 

Esos seres inocentes no son más que víctimas de sus circunstancias y de las decisiones o actos de sus progenitores, y si alguien quiere y tiene el coraje de hacer algo para mejorar la vida de uno o varios desconocidos, no debemos hacer otra cosa aparte de apoyarlos, respetarlos y aplaudirles su bondad.

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OJO 👀 

Esto es tan serio como tener tus propios hijos; sólo eleva la presión que sientes como padre para no hacer algo mal, a la quinta potencia. Todo lo que hagas con y por ellos tendrá un efecto en su vida, por eso procura que sea positivo pues de ti depende que puedan conocer el lado hermoso de la vida; de ti puede depender que tengan un recuerdo lindo en el cuál refugiarse si vuelven a sufrir por algún motivo, e incluso puede que gracias a ti se curen todas las heridas que el pasado causó en su cuerpo y alma. 

Peticiones y advertencias respecto al tema:

  • No juzgues ni desalientes a quien tome la decisión de ser parte de esta causa. 
  • Evita emitir juicios crueles o imprudentes respecto a los niños provenientes de esta clase de situaciones. 
  • Sé discreto al hacer preguntas.
  • Evita la lástima y la condolencia.
  • Ten cuidado con la intención con la que tomas la decisión de ayudar a estos niños.
  • Procura demostrar cariño auténtico y no compasión.
  • Sé una persona en la que ellos confíen mientras estén contigo.
  • Sé comprensivo ante los momentos difíciles con los que te corresponda lidiar. Ellos cargarán con pesos que seguramente tú ni siquiera puedas imaginar.
  • Que tu motivación para abrir las puertas de tu casa no sea el beneficio económico que recibirás, sino la clara intención de ofrecer a estos niños un momento de paz.
  • Nunca será fácil. Nada te garantizará que todo vaya a salir bien. Procura recordar y mantener firme el propósito por el que decidiste mejorar esas vidas.

Tanto ante estas situaciones, como en todo lo demás, tú eliges si quieres ser un testigo de cómo los demás hacen milagros o si decides ser protagonista. Sea cual sea la decisión que tomes, hazlo siempre con honorabilidad, con entrega, con valor, y con respeto.

¡Si cambias positivamente la vida de alguien, ese alguien te cambiará la vida a ti! 

Te dejaré el link donde puedes adquirir el libro de Mujeres Victoriosas