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Los objetos y bienes materiales que adquirimos nos pueden provocar algún tipo de satisfacción, ya sea porque realmente los deseábamos o porque compensan algún vacío o necesidad en nosotros, sin embargo, jamás suplirán un momento compartido con un ser amado.

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Todos tenemos algo que atesoramos como si fuera el objeto más preciado que existiera en la tierra, no importa si está hecho de papel, o de tela, si está roto, o incluso si ya solo conservamos un fragmento de lo que alguna vez fue. Lo que lo vuelve especial es su valor sentimental, ya sea por el momento que nos recuerda o a quién nos recuerda.

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En la película llamada “Propuesta de año bisiesto” plantean la siguiente pregunta: ¿Qué sacarías de tu casa en caso de un incendio? Irías corriendo a traer un álbum de fotos familiares antiguas, un objeto preciado de tu infancia, algún dispositivo costoso… 

Ahora yo te pregunto ¿Qué sacarías de tu casa? Mujer Victoriosa, las cosas podrían costar cantidades exorbitantes de dinero,  pero si solo se les atribuye valor monetario, aunque implique mucho esfuerzo, podrían llegar a reponerse.

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Hay un hermoso pensamiento que dice: “Una alegría compartida, es doble alegría; y una pena compartida, es media pena”. Así como podemos atesorar un agradable momento de risas, abundancia, o admiración, también podemos guardar con amor un momento de carencias, de tristeza o de dolor si lo hemos vivido con alguien que experimente junto a nosotros las mismas emociones.

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En mi libro “Mujeres Victoriosas” menciono que: no conozco a nadie que diga haber sido más feliz por recibir regalos de sus padres que por haber pasado tiempo con ellos; y en la página 192 digo: “Dales experiencias inolvidables, en lugar de objetos muchas veces olvidables”

Creo firmemente que es más importante ofrecer nuestro tiempo y experiencias a nuestros seres queridos, porque eso podría ser en algún momento el motor que les dé la fuerza para soportar dificultades, o podría devolverles la paz y ser un consuelo cuando lo necesiten. También creo que fácilmente puedes crear memorias saliendo un día a caminar o jugar al parque, haciendo noches de juegos en familia, planeando jornadas de lecturas juntos, escuchando con atención cuando te cuenten algo personal o cuando un relato salga a flote en la conversación, e incluso solamente asomándose al cielo buscando constelaciones o formas divertidas a las nubes. Cada persona goza diferentes actividades así que nunca te aburrirás por hacer lo mismo siempre. Las posibilidades son infinitas.

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 Cuando quieras hacer un obsequio, toma en cuenta lo siguiente:

  • Que sea muy grande o muy costoso el regalo, no te asegurará quedar bien con quien lo reciba.
  • No necesariamente un regalo implica gastar. Si salieran a dar un paseo a pie mientras mantienen una agradable conversación ya habrás grabado un grato momento en su memoria.
  • Cuando el regalo denota interés en los gustos de quien recibirá el regalo y no solamente en los tuyos, se aprecia mejor.

Aunque suene un poco pesado, es cierto que al morir no nos llevamos ni siquiera el cuerpo que hemos habitado, sin embargo, lo comido, lo viajado y lo disfrutado, nadie nos lo quita. Pase lo que pase y vayamos a donde vayamos, siempre nos acompañarán los recuerdos que se hayan grabado en nuestra memoria. Sé tú un agradable instante en la mente de los demás cuando evoquen los instantes a tu lado.

¡Te aseguro que jamás te arrepentirás del tiempo que le regales a quienes amas!