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Las palabras con las que eduques a tus hijos resonarán como ecos que se repetirán en su interior por el resto de su vida. ¿Qué te gustaría que recordaran constantemente?

Existe algo llamado <programación neurolingüística> que consiste en procesar los pensamientos y sentimientos según lo que percibimos del entorno, lo cual, termina reflejándose en nuestro comportamiento. Estas programaciones son instaladas (ya sea voluntaria o involuntariamente)  por los padres, maestros, familiares, amigos y hasta por nosotros mismos, lamentablemente, aunque algunas son muy buenas, otras no tanto.

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Expondré un ejemplo para ayudar a comprender de qué hablo: Hay una familia conformada únicamente por mujeres. En esa familia no ha habido un solo ejemplo de matrimonio feliz, unos han terminado en desagradables divorcios y otros han sido duraderos pero desgastantes e infelices. Un día nace una niña más en la familia y durante toda su vida le hablan de lo terrible que es casarse, o de lo difícil y terrible que es tener que criar a los hijos solas porque los hombres siempre fallan. Ella, naturalmente, crecerá y se convertirá en una mujer temerosa de las relaciones, desconfiada y cargando rencores ajenos. ¿Crees que es justo?

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Está bien advertir y aconsejar respecto a posibles situaciones, pero no condenes su futuro para hacerlo. Está bien regañar y corregir cuando cometan faltas, pero no es necesario hacerles sentir que nunca lo han hecho bien o que nunca lo harán.

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Tampoco es bueno que demerites sus sueños o metas. Cuando tu hijo tenga la confianza de contarte lo que anhela con el alma, no te burles ni lo bajes de su nube. Anímale a lograr todo lo que se proponga y a hacerlo de la mejor manera. La madre de Pablo Picasso le decía que, si se iba a convertir en soldado, llegaría a ser un General; si profesaba como cura, llegaría a ser Papa. Él quiso ser pintor y ya ves en quién se convirtió.

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En mi libro “Mujeres Victoriosas”, en la página 140 digo esto en función personal, pero ahora te lo digo a ti: No tengas duda de que tus palabras son poderosas, continúa trabajando en el discernimiento de cómo usarlas para guiar y adelantar a tus hijos.

Evita programar de manera equivocada a tus hijos. Dejaré un par de consejos que te pueden ayudar:

·         No hables con rencor de aquello que en algún momento te causó daño: Cuéntalo como experiencia de una manera en la que tu hijo/a pueda cosechar una lección, pero no le heredes una carga que no le corresponde llevar.

·         Demuéstrales lo orgullosa/o que estás al ver sus logros, pero aún más cuando a pesar de haber fallado, continúan intentándolo con el mismo fervor.

·         No te quejes de todo lo que te ocurra: Está bien si tienes un mal día y te desahogas, pero no hagas de tu hijo/a el depósito en donde desecharás todo lo malo acumulado durante el día, todos los días.

·         Motívalos y hazles saber que tú serás un apoyo incondicional en cada nuevo proyecto que emprendan.

·         No repitas constantemente las historias desagradables: los adultos tendemos a contar muchas veces ciertos eventos con la esperanza de evitarle a alguien más pasar por lo mismo, pero llega un punto en el que quizás solo propiciamos que nos comiencen a ignorar porque ya nos podrían recitar perfectamente la anécdota.

·         No permitas que ellos mismos se desalienten: Déjales ver que, si desde el principio llevan una mala actitud, serán ellos su propio obstáculo para avanzar.

¡Sé el eco en el subconsciente de tus hijos que los motive a dar siempre lo mejor!

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