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Espero que no hayas venido a leer esto buscando averiguar qué tan malos son tus pecados. Lamento decirte que todos los pecados son iguales. Tan malo es robar un centavo como un millón. Tan malo es mentir, como matar. Hay un libro llamado ‘Cometas en el Cielo’ en el que un hombre menciona que todos los pecados implican robar.

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¿Por qué robar? Te preguntarás tú… Al mentir le robas a alguien el derecho a la verdad. Matas y robas el derecho a la vida. Usas tiempo de trabajo para hacer otras cosas que no proceden y estás robando el salario que equivale a ese tiempo. Aceptas un puesto para el que no estás calificado y le estás robando a alguien la oportunidad que sí merece… 

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En mi libro dejo claro que el pecado no tiene tamaño, porcentaje ni peso. No se puede considerar una felonía o un delito menor. Quizás en las bases del Estado de Derecho sí se clasifiquen y jerarquicen según su perjuicio; pero hablamos de pecado, por ende, hablamos de religión, creencia y fe.

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Tampoco te estoy condenando, ojo, pero precisamente me gustaría que si en algún momento tú has condenado a alguien diciendo “Mis pecados no son tan malos como los de esa persona”, no lo hagas más. Suficiente tenemos con nuestras propias culpas; además, cada persona sabe qué tipo de situaciones ha atravesado. 

😔👈 👀

José Ortega y Gasset dijo “Yo soy yo y mi circunstancia…”. Orientándolo a este tema, no podemos pretender que nuestros problemas son siempre los peores o los más grandes. Cuando la gente se ofusca y pierde la paz por sus penas, aunque sus motivos parezcan “más simples” que los nuestros, su sufrimiento es auténtico. 

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Todos estamos en una batalla constante entre el bien y el mal, y la distancia entre el lugar en el que estamos (como humanos) y el lugar en el que queremos estar (cerca de Dios), es diferente. Mientras unos deben luchar poco, otros tienen que librar grandes batallas, y la energía interna que dedican, los demás no la podemos ver.

Esta vez no puedo ni tengo derecho a recomendarte pasos prácticos para disminuír o moderar tus pecados. Yo también lucho cada día para mejorar.

Mi consejo de hoy es:

No te condenes a ti misma. No condenes a los demás. Solo procura hacer el bien y no mires a quién. Cada vez que tengas el impulso de hacer algo, pídele a Dios que limpie tus intenciones en ese acto, y recuerda…

¡Ser tú el ejemplo que esperarías recibir de los demás!

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