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Podemos  pensar en nuestras relaciones de amistad como una hermosa planta que, para que dé su fruto o su flor, necesita de un cuidado especial.

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Hay plantas de interior y otras de exterior, y dependiendo de sus características, tendrás que cuidarla de una manera o de otra. Lo mismo pasa con nuestras amistades, todos somos diferentes y estamos en etapas diferentes de la vida, así que debemos desarrollar hábitos esenciales para cuidar nuestras amistades.

Recuerda antes de seguir leyendo que, para tener amigos hay que ser amigos, tal como lo dice Proverbios 18:24: «El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; y amigo hay más unido que un hermano».

Así que te compartimos algunas recomendaciones para que las puedas aplicar a ti misma al ser amiga, y al momento de elegir a tus amistades.

Ora por tus amistades

Todos pasamos por épocas en las que hemos estado pasando situaciones difíciles y no tenemos en nosotras las fuerzas para ayudarnos como quisiéramos, la oración es la mejor manera de servirnos y mostrarnos el amor y cariño que le tienes a tus amigas.

Guía a tus amigos a Cristo 

Busca que cada amistad te rete, inspire y motive a ver a Cristo en todo lo que haces y a actuar bajo Su palabra. Y así mismo, sé una amiga que motive a los demás a buscar a Jesús. 

Ten mucha paciencia 

La diversidad en las personalidades es lo que permite que podamos interactuar de una mejor manera. Esto también significa que habrá personas con las que te será más fácil y otras con las que te será difícil de llevar una amistad. 

Escucha más, habla menos

La mejor manera de cuidar las amistades que tienes, es siendo intencional en escuchar activamente a tu amiga y prestarle tu completa atención, aunque a veces eso signifique que tú no puedas hablar. Recuerda que escuchar también es amar.

Sé constante y ten detalles hacia los demás 

El cuidado y los detalles que mantienen una relación debe ser constante. Es como con el ejemplo de las plantas, si las dejas de cuidar, regar, limpiar, abonar, plantar de nuevo… eventualmente morirán. Así mismo pasa con las amistades.

Esperamos que estos consejos te ayuden a tener amistades con propósito eterno, unidas por razones que van más allá de nuestros deseos egoístas. 

Cuando nos unimos con el propósito eterno de caminar y crecer juntas en la fe, nuestras amistades serán no solo satisfactorias, sino que cumplirán con el propósito principal que todas las hijas de Dios tenemos: ¡darle gloria al Nombre que es sobre todo nombre!

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